Biografia in spagnolo

Los años de la guerra

La guerra, sin embargo, provocó de inmediato un dolor atroz para el joven sacerdote. De hecho, en noviembre de 1915, murió en Sabotino, el amadísimo hermano Peppino, cuyo recuerdo siempre estuvo vivo en padre Primo. Sin embargo, ya había decidido ser voluntario: así, fue incluido en la Asistencia Militar de Salud y empleado en los hospitales de Génova y luego en Cremona. Sin embargo, el temor de sentirse “emboscado” obligó a padre Mazzolari a pedir el traslado al frente. Así que en 1918 fue destinado como capellán militar para seguir a las tropas italianas enviadas al frente francés. Permaneció nueve meses en Francia. Al volver a Italia en 1919, tuvo otras asignaciones con el Ejército Real, incluida la de recuperar los cuerpos de los caídos en el área de Tolmino. En 1920, siguió un período de seis meses en la Alta Slesia, junto con las tropas italianas enviadas para mantener el orden en una zona que Alemania había entregado por la fuerza a la recién nacida Polonia. Todos los testimonios concuerdan en narrar el compromiso y la pasión humana con los que padre Primo siguió en estas diversas situaciones a sus soldados.

Párroco en Cicognara

Desmovilizado en agosto de 1920, el padre Mazzolari pidió a su obispo (Mons. Giovanni Cazzani) de no volver a la enseñanza en el seminario, sino ser destinado al trabajo pastoral entre la gente. Desde octubre de 1920 hasta diciembre de 1921, fue delegado del obispo en la parroquia de La Santísima Trinidad de Bozzolo (‘parrocchia della Santissima Trinità di Bozzolo’), una ciudad en la provincia de Mantua, pero dependiente de la diócesis de Cremona. Desde allí fue transferido como párroco en la cercana ciudad de Cicognara, a pocos pasos del río Po, donde permaneció durante una década hasta julio de 1932.

En Cicognara, padre Primo hizo experiencia como párroco, experimentando iniciativas, reflexionando, anotando ideas y sobre todo, buscando nuevas formas de atraer a todos aquellos que se habían alejado de la Iglesia. El país, de hecho, tenía una fuerte connotación socialista. Padre Mazzolari intentó de diversas maneras de evaluar la tradición popular campesina, como el festival del trigo y la uva, sin olvidarse de conmemorar a los caídos de la guerra y las celebraciones patrióticas. Durante el invierno, hacìa la escuela vespertina para los campesinos e instituyó la biblioteca parroquial. El advenimiento del fascismo lo consideró desde el principio con desconfianza y preocupación, sin ocultar su propia oposición íntima. Ya en 1922 escribió sobre la simpatía de algunos católicos hacia el régimen naciente de que «el paganismo regresa y nos acaricia, y pocos se sienten avergonzados». En noviembre de 1925, se negó a cantar solemnemente el Te Deum después de que fracasara una conspiración para atentar contra la vida de Mussolini. Prefería permanecer en un nivel exclusivamente religioso; tanto ,que incluso en 1929 se desmarcó del entusiasmo de tantos obispos y sacerdotes, ni siquiera yendo a votar el plebiscito organizado por Mussolini después de la firma de los Pactos de Letrán. Negaba la exaltación acrítica de la guerra y el militarismo y rechazaba cualquier espíritu sectario y partisano. Por lo tanto, evitando la toma de posiciones abiertas, padre Primo pronto fue considerado un enemigo a los ojos de los fascistas y de hecho un verdadero obstáculo para la “fascistización” de Cicognara. Tanto, que en la noche del 1 de agosto de 1931, lo llamaron a la ventana y dispararon tres balazos con revólver que afortunadamente no lo hirieron.

Párroco en Bozzolo

En 1932 padre Primo fue transferido a Bozzolo con ocasión de la fusión de las dos parroquias existentes. En esa ocasión, escribió un pequeño folleto, Il mio parroco (‘Mi párroco’), para saludar a sus antiguos y nuevos feligreses. En Bozzolo padre Mazzolari comenzó a escribir regularmente, de modo que los años treinta fueron para él muy ricos en obras. En sus libros, tendía a superar la idea de la Iglesia como “sociedad perfecta” y afrontaba honestamente las debilidades, los defectos y limitaciones inherentes a la Iglesia misma. En su opinión, esto era necesario para presentar finalmente el mensaje del Evangelio incluso a los “lejanos”, a aquellos que rechazaban la fe, tal vez a causa de los pecados de los cristianos y de la Iglesia. En los escritos de padre Mazzolari también estaba presente la idea de que la sociedad italiana debía ser reconstruida completamente a nivel moral y cultural, dando más espacio a la justicia, a la solidaridad con los pobres y a la hermandad. Ideas similares lo forzaron inevitablemente a lidiar con la censura eclesiástica y con la censura fascista.

En 1934 padre Mazzolari publicó La più bella avventura (‘La aventura más hermosa’), basada en la parábola del hijo pródigo, pero este texto fue condenado un año más tarde por el Santo Oficio del Vaticano, que juzgó el libro “erróneo” y le impuso la retirada del mercado. Obediente, padre Primo se sometió. El Santo Oficio no explicó al pobre párroco cuáles eran las páginas del libro juzgadas erróneas: tal vez sólo movidos de quejas de algunos cremoneses, escandalizados por el hecho de que ambientes protestantes habían elogiado el escrito mazzolariano.

Padre Primo, sin embargo, no se desanimó. En 1938 aparecieron sus otros textos, como Il samaritano (‘El samaritano’), I lontani (‘Los lejanos’), Tra l’argine e il bosco (‘Entre el terraplén y el bosque’). Este último era una colección de varios artículos y escritos, de donde surgía la concepción de la parroquia que padre Mazzolari tenía, sino también su capacidad de mirar la naturaleza y la realidad de la vida en el campo. En 1939 se publicó La via crucis del povero (‘El viacrucis del pobre’).

Sin embargo, las obras posteriores volvieron a caer bajo la oscuridad de la censura. Las autoridades fascistas de hecho censuraron en 1941 Tempo di credere (‘Tiempo para creer’), considerado un libro incompatible con el “espíritu de la época”, el de una Italia en guerra. Los amigos de padre Primo lograron circular clandestinamente el texto. En 1943, regresó en cambio a hacerse escuchar el Santo Oficio condenando la obra Impegno con Cristo (‘Compromiso con Cristo’), por lo menos por la forma utilizada por el autor.

Guerra y resistencia

En 1943, a la caída del fascismo (25 de julio) y el anuncio del armisticio (8 de septiembre), se abrió la fase más dramática de la historia italiana contemporánea, con la división del país en varias partes, la ocupación alemana, el nacimiento de la Resistencia e inmediatamente después de la República Social Italiana. Padre Primo se empeñó a crear contactos con diversos ambientes y personalidades católicas en vista del porvenir. También estrechó una relación creciente con la Resistencia, por lo que su nombre – ya impopular entre los fascistas durante años – circuló cada vez más en las listas de los que fueron considerados enemigos del régimen de Salò. En febrero de 1944, padre Mazzolari fue llamado por primera vez a la comisaría de Cremona para ser interrogado; siguió en julio un verdadero y propio arresto por parte del Comando Alemán de Mantua. Liberado, se le requirió que permaneciera disponible, pero él prefirió pasar a la clandestinidad en Gambara, en la provincia de Brescia. Así que por un tiempo dejó Bozzolo, y luego volvió en secreto. Tuvo que vivir durante unos meses completamente segregado, sin el conocimiento de todos, al piso superior de su propia casa y solo después de la Liberación pudo salir al descubierto. Testimonio de esa época son los libros Diario di una primavera (‘Diario de una primavera’) y Rivoluzione cristiana (‘Revolución cristiana’), publicados después de su muerte.

La posguerra

El compromiso con la evangelización, la pacificación y la construcción de una nueva sociedad, más justa y libre fueron las piedras angulares del compromiso de Padre Mazzolari desde 1945 en adelante. Hijo en esta, la Iglesia de su tiempo, estaba convencido de que sólo el cristianismo podría ser un remedio a los males del mundo y por lo tanto se convirtió en el portador de la idea de una verdadera “revolución cristiana”. Los cristianos tenían que ser una guía auténtica de la sociedad, siempre que estuvieran completamente renovados en su mentalidad y comportamiento. Por supuesto, padre Primo no perdió de vista la tarea principal de la Iglesia, la de la proclamación del Evangelio. Con Il compagno Cristo. Vangelo del reduce (‘El camarada Cristo. Evangelio del excombatiente’) (1945), por lo tanto, trató de dirigirse ante todo a aquellos que venían del frente o la prisión, para señalarles el camino trazado por Jesucristo. Escribió muchos artículos en aquellos años, colaborando, entre otros, en los periódicos «Democrazia» e «L’Italia».

Siguió interesándose por los “lejanos”, especialmente de los comunistas. Su crítica al comunismo fue siempre muy dura, como lo fue el debate público con otro famoso cremonés, Guido Miglioli, un ex sindicalista católico y un ex diputado del Partido Popular, que había llegado a una estrecha cooperación con el Partido Comunista. En cualquier caso, como dijo en 1949 (el año de la excomunión del Vaticano hacia los comunistas), el lema de Padre Mazzolari fue: “Lucho contra el comunismo, amo a los comunistas”.
Después de las decisivas elecciones de 1948, en las que apoyó la DC, padre Primo inmediatamente comenzó a amonestar a los parlamentarios, invitándolos a la coherencia y al compromiso. Uno de sus artículos, por ejemplo, llevaba un título clarísimo: Deputati e senatori vi hanno fatto i poveri (‘Diputados y senadores os han creado los pobres’).
Tantas esperanzas de cambio pronto decepcionaron. Padre Mazzolari se dio cuenta de que tenía que crear un movimiento de opinión más amplio y se dedicó en cuerpo y alma al diseño de un periódico de batalla. El 15 de enero de 1949, se publicó el primer número del quincenal “Adesso” (“Ahora”), en medio de una temparada en la que se multiplicaron los llamamientos católicos hacia la DC (al año siguiente, en 1950, Giorgio La Pira publicó L’attesa della povera gente (‘La esperanza de los pobres’)).
En sus páginas, el periódico quería tocar todos los queridos temas de su fundador: la llamada a la renovación de la Iglesia, la defensa de los pobres y la denuncia de las injusticias sociales, el diálogo con los “lejanos”, el problema del comunismo y la promoción de la paz en la era de la guerra fría. El periódico contó con numerosos colaboradores: desde padre Lorenzo Bedeschi hasta padre Aldo Bergamaschi, el alcalde socialista de Milán Antonio Greppi, muchos sacerdotes y laicos más o menos famosos, como Franco Bernstein, padre Umberto Vivarelli, padre Nazareno Fabbretti, Giulio Vaggi y más tarde Mario V. Rossi.
Mientras tanto, padre Primo estrechaba relaciones siempre mucho mas fuertes con las voces más libres y críticas del catolicismo italiano de la época, dominado por el conformismo y la rigidez hacia el mundo contemporáneo: fue amigo del fundador de Nomadelfia padre Zeno Saltini, del poeta padre David Maria Turoldo, del alcalde florentino Giorgio La Pira, del escritor Luigi Santucci y muchos más.

El carácter innovador y valiente de “Adesso” (“Ahora”) todavía causó la intervención del Vaticano, por lo que en febrero de 1951 el periódico tuvo que dejar de publicar. En julio llegaron otras medidas personales contra padre Mazzolari (prohibición de la predicación fuera de su diócesis sin el consentimiento de los obispos en cuestión; prohibición de la publicación de artículos sin previa revisión eclesiástica). Fue posible reanudar en noviembre siempre en 1951, pero con la dirección de un secular, Giulio Vaggi. Padre Primo trabajó nuevamente, a menudo usando seudónimos como Stefano Bolli. Solo algunas intervenciones de “Padre Bolli” sobre el tema de la paz provocaron nuevas investigaciones disciplinarias. En 1950, de hecho, se desarrolló un amplio debate sobre la propuesta de los partidarios del Movimiento por la Paz (principalmente comunista) para prohibir la bomba atómica y padre Mazzolari (que asimismo había aceptado la adhesión de Italia al Pacto Atlántico) se declaró disponible para el diálogo. En resumen, el periódico continuó viviendo peligrosamente. Todavía, en 1954 padre Primo recibió de Roma la orden de predicar solo en su parroquia y la prohibición de escribir artículos sobre “asuntos sociales”.

Los últimos años

Siempre utilizando su lenguaje característico, que apuntaba directamente a despertar emociones en el corazón, sin perder de vista el análisis científico o sociológico, en los años cincuenta padre Mazzolari publicó otras obras significativas.
En 1952, salió así “La Pieve sull’Argine” (‘La Parroquia en el Terraplén’), una narración en gran medida autobiográfica, que surgió con los acontecimientos y vicisitudes de un cura rural (Padre Stefano), en los años del fascismo.
En 1955 apareció de forma anónima Tu non uccidere (‘No matarás’), que trataba el tema de la guerra. Aquí Mazzolari retomó su escrito inédito de 1941, La respuesta a un aviador, en el que ya se había planteado el problema de la legalidad de la guerra. De esta manera, el párroco de Bozzolo se acercaba a la aceptación de la objeción de conciencia y pronunció un ardiente acto de acusación contra todas las guerras («La guerra no es solo una calamidad, es un pecado», «Cristianamente y lógicamente la guerra no se sostiene»).
Además de libros, padre Primo gastó sus últimas energías en tratar nuevos problemas y conocer problemas sociales de gran alcance: en 1951 visitó el Delta del Po, en 1952 viajó a Sicilia, trayendo fuertes impresiones, y en 1953 se fue a Cerdeña.
En la Iglesia italiana, el nombre de Mazzolari seguía dividiendo: a las posiciones oficiales, que en la práctica lo desterraban y lo querían encerrar en su Bozzolo, se opusieron muchos amigos, admiradores y discípulos de todo tipo que se reconocieron en sus batallas y difundian sus ideas en toda Italia. El siguió siendo consistente con su propósito de “obedecer de pie”, siempre sometiéndose a sus superiores, pero protegiendo su dignidad y la cohesión de su propio sentir.

Justo al final de su vida, algún gesto significativo de distensión comenzó a venir hacia su persona. En noviembre de 1957, el arzobispo de Milán, Mons. Montini (el futuro Papa Pablo VI) lo llamó a predicar a la Misión de Milán, una iniciativa extraordinaria de predicación e intervenciones pastorales. Finalmente, en febrero de 1959, el neo Papa, Juan XXIII, lo recibió en una audiencia en el Vaticano, dejando a Padre Primo con una emoción intensa.

Sin embargo, la salud del párroco de Bozzolo estaba minada y desgastada. De hecho, padre Primo Mazzolari murió poco tiempo después, el 12 de abril de 1959. Años más tarde, Pablo VI diría de él: «Él tenía el ritmo demasiado largo y nosotros estábamos luchando por mantenerlo atrás. Asi sufrió él y habíamos sufrido también nosotros. Este es el destino de los profetas».

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